Homenaje a Eli Guzmán se convierte en una celebración de toda comunidad titiritera

El evento se convirtió en un acto de justicia poética. Más allá de honrar a Eli Guzmán, la ceremonia sirvió para poner en primer plano a los verdaderos constructores del teatro de títeres en Chile. La maestra Eli, en un gesto de gran humildad y grandeza, calmó a sus propios títeres para dar inicio a la ceremonia, cediendo el protagonismo a sus pares y mentores. Se rindió un sentido homenaje a quienes han forjado el camino, como Ana María Allendes, la primera chilena en recibir la distinción de UNIMA, y Gonzalo Ruminot, Premio Nacional de Artes Escénicas.
También se recordó a aquellos que han partido, pero cuyo legado sigue vivo. Se saludó con especial emoción a la madre de Freddy Espíndola, investigador y titiritero recién fallecido, y se dedicaron aplausos a figuras como Patricia Araya, Eugenio Beltrán, Sergio Liberona, Enrique Cerda y, especialmente, a Luisa Morales y Jaime Morán, matrimonio que -junto al de Sergio “Tito” Guzmán y Luisa “Luchita” Flores- fueron reconocidos como maestro de este arte y oficio.
En uno de los momentos más formales de la ceremonia, Eli Guzmán recibió el diploma que la acredita como Miembro de Honor de UNIMA Internacional, el más alto honor que se le puede otorgar a un titiritero. El reconocimiento fue entregado por la consejera internacional de la organización, Andrea Gaete. Este gesto oficial fue la coronación de una vida de entrega, rodeada de amigos, compañeros y compañeras, representantes de las distintas organizaciones de cultores, su familia y una comunidad que la considera su maestra y protectora.
El obsequio a Eli de una arpillera, creada especialmente para ella por la arpillerista de la Región Metrolitana, Hilda Mardones y la entrega de un ejemplar del libro Tesoros Humanos Vivos sobre su padre, Tito Guzmán, conectaron de manera profunda el pasado y el presente de una estirpe dedicada a este arte.
La comunidad toma la palabra
La Sala América de la Biblioteca Nacional hervía de entusiasmo. Estaba a lleno total, vibrando con risas, tradición y la emoción de un público que desbordaba cariño por Eli Guzmán. El escenario no solo fue para la maestra, sino también para quienes han sido parte vital de su trayectoria.
La presidenta de UNIMA Chile, Claudia Andrea Rojas, ofreció un emotivo discurso, y la subdirectora nacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, Paula Jaraquemada, recalcó la importancia de este oficio y el trabajo que el Servicio Nacional del Patrimonio realiza con esta comunidad cultora, incluida en el Registro de Patrimonio Cultural Inmaterial en Chile.
El acto fue un gran gesto de la comunidad, que también se hizo presente. Millalén Morán Morales, quien viajó junto a su hermana Luisa Fernanda -ambas titiriteras- desde la Región de Valparaíso, representó no solo a las generaciones legatarias, sino que también honró la memoria de sus padres, los maestros Jaime Morán y Luisa Morales, cuya reciente partida dejó un vacío en el teatro de títeres, ambos fueron los primeros reconocidos con el Premio Nacional en Artes Escénicas Presidente de la República, en el área de Títeres.
La ceremonia contó con la participación activa de autoridades locales, como la alcaldesa de Lo Espejo, Javiera Reyes Jara, y su equipo, demostrando que el arte de los títeres es un pilar fundamental en la comuna desde donde la Familia Guzmán Flores ha creado herencia y tradición. Además, se proyectaron emotivos saludos virtuales de titiriteros de distintas partes del mundo, alumnos de la maestra, organizaciones culturales comunitarias y vecinos, confirmando que el impacto de Eli trasciende las fronteras.
Los vecinos y vecinas de la comuna de Lo Espejo ocuparon gran parte de las butacas de la icónica Sala América, de la Biblioteca Nacional de Chile. En esa comunidad, también, Eli Guzmán, siguió la tradición creando la Escuela de Títeres de Lo Espejo y reuniendo en el Santiago de Chile que no todos ven a grandes artistas del oficio en el festival “Candelilla trae los títeres”, que pronto cumplirá 25 años.
Los títeres como protagonistas
Los verdaderos invitados de honor no fueron los seres humanos, sino las marionetas y títeres que les dieron voz. Muñecos de la escuela de Eli fueron parte de la escenografía y desde el teatrillo de Candelillas Sergio Guzmán (hijo) y Ayelén Vera, animaron e interactuaron con el público.
Monotono, primero; y la coanimadora oficial, Violetita, después robaron el show. Con gracia y humor, se resistían a ceder su lugar al presentador, demostrando cómo los títeres pueden ser los anfitriones de sus propias celebraciones y contar la historia de la maestra Eli de una forma única y conmovedora.
La pieza central del evento, sin embargo, fue la aparición sorpresa de Elizabeth Ofelia, el títere gigante que Eli Guzmán había diseñado en su imaginario. El títere apareció "perdido", buscando a su creadora, en un momento de gran humor e interacción con el público. Con sus manos gruesas y su imponente presencia, se alzó como el símbolo de la maestría de Eli y de su legado en la comunidad.
Eli frente a Elizabeth Guzmán
Uno de los momentos más conmovedores del evento fue el regalo del títere gigante Elizabeth Ofelia a su propia creadora. Este títere gigante, con manos gruesas y una vestimenta ancha de cálidos colores, cabello rizado y una amplia sonrisa, se convirtió en la encarnación de una promesa.
Hace poco, el periodista Álvaro de Álvarez le preguntó a Eli Guzmán cómo diseñaría un títere de sí misma. Su respuesta fue precisa: una marioneta gigante que no moviera ojos ni labios, con una estructura firme, y que representara "lo grandes, protectoras y luchadoras que son todas las mujeres".
La Escuela de Títeres de Lo Espejo, junto a los hijos de Eli y el Servicio del Patrimonio, hizo realidad esa visión. Este títere no es solo una réplica de su creadora; es la materialización de un ideal. La Elizabeth Guzmán, la marioneta, con sus manos gruesas movidas por varillas, simboliza la fuerza y la protección que Eli ha brindado a su comunidad. Es la protectora, la luchadora, la matriarca que celebra con la frente en alto el arte que la define, demostrando que su arte no solo se vive en las manos de la titiritera, sino que también camina por su cuenta, representando su obra.