«Mientras exista una mano dispuesta a levantar un títere, habrá una historia que contar»: las palabras completas de Lientur Rojas en el Día Nacional del Títere
En una intervención que terminó en ovación cerrada, repasó sus 64 años de trayectoria y planteó que el tiempo en este oficio no se mide en años, sino en viajes, en funciones, y en la capacidad de mirar un objeto inerte y descubrir que ahí puede haber vida. A continuación, a pedido de la comunidad, sus palabras completas.
A veces uno va caminando por la vida sin detenerse demasiado a contar los años.
Y de pronto mira hacia atrás.
Hace poco me ocurrió.
Me puse a pensar y me di cuenta de que han pasado ya sesenta y cuatro años desde que inicié este viaje por el mundo de los títeres.
Sesenta y cuatro años...
Dicho así, parece muchísimo.
Y lo es.
Pero cuando uno ha dedicado gran parte de su vida a algo que ama, el tiempo se mide de otra manera. Se mide en funciones, en viajes, en escenarios, en compañeros de camino. Se mide en títeres que nacieron de unas manos y que, por alguna razón que todavía me sigue maravillando, terminaron teniendo una personalidad, una historia y hasta una voz propia.
Se mide también en las caras del público.
En los niños que alguna vez miraron un títere con los ojos muy abiertos, convencidos de que ese pequeño personaje estaba realmente vivo.
Y también en los adultos que, aunque quizás llegaron pensando que los títeres eran solamente cosa de niños, terminaron riendo, emocionándose o dejándose llevar por la historia.
Después de tantos años, esa sigue siendo para mí una de las maravillas de este oficio.
Dar vida a algo que, un instante antes, estaba quieto.
Y encontrarnos con otra persona a través de él.
Por eso estar hoy aquí, conmemorando el Día Nacional del Títere y la Marioneta, tiene para mí un significado muy especial.
Porque este día no apareció de la nada.
Durante muchos años fue una aspiración, un deseo compartido por quienes hemos dedicado nuestra vida a este arte.
Y verlo convertido hoy en una celebración nacional es también una manera de decir:
aquí estamos.
Aquí han estado siempre los titiriteros y las titiriteras de Chile.
Muchas veces trabajando lejos de los grandes escenarios.
A veces con pocos recursos.
A veces recorriendo caminos largos para hacer una función frente a un grupo pequeño de niños.
Construyendo nuestros propios personajes, escribiendo historias, reparando muñecos, armando y desarmando teatrinos.
Inventando.
Equivocándonos.
Volviendo a empezar.
Y, sobre todo, insistiendo.
Porque si algo conozco de este oficio después de tantos años es justamente eso: la constancia.
Nada de lo que hoy celebramos habría sido posible sin la constancia de muchas personas.
Algunas están aquí.
Otras ya no están con nosotros.
Y seguramente hay muchas cuyos nombres nunca aparecerán en un libro ni recibirán un reconocimiento.
Pero estuvieron.
Y pusieron una mano, una voz, una idea, un personaje, una historia.
A todos ellos quiero entregar hoy mi reconocimiento, mi cariño y, sobre todo, mi profundo agradecimiento.
Porque cuando uno recibe reconocimientos después de tantos años de trayectoria, comprende algo muy sencillo: ningún camino se recorre solo.
Detrás de un nombre hay compañeros, familias, artistas, públicos, niños, comunidades y muchas personas que ayudaron a que uno pudiera continuar.
Durante todos estos años se han escrito miles de historias.
Se han construido miles de títeres.
De madera.
De tela.
De papel.
De espuma.
De los materiales más nobles y también de aquellos que alguna vez alguien miró y pensó que ya no servían para nada.
Y quizá ahí también existe una hermosa metáfora de nuestro oficio:
el titiritero es capaz de mirar una cosa aparentemente inerte y descubrir que allí puede existir una vida.
Después vienen las manos.
La imaginación.
La voz.
El movimiento.
Y ocurre el pequeño milagro.
Aparece el personaje.
Se abre el teatrino.
Y por un momento todos aceptamos entrar en ese mundo.
Niños y adultos.
Porque el títere tiene esa capacidad extraordinaria: puede hablarnos de las cosas más simples y también de las más profundas.
Puede hacernos reír.
Puede incomodarnos.
Puede hacernos pensar.
Puede decir cosas que a veces a una persona de carne y hueso le cuesta mucho más decir.
Por eso este día también debe servirnos para mirar hacia atrás y recordar nuestra historia.
Y en esa historia aparece una coincidencia muy hermosa.
El 25 de agosto es el natalicio de dos maestros y cultores que recorrieron un largo camino sembrando y difundiendo este arte: Tito Guzmán y Luisa Morales.
Celebrar esta fecha es también una manera de agradecerles a ellos.
Pero, a través de sus nombres, me gustaría que recordáramos a tantos otros.
A quienes hicieron títeres en el norte y en el sur.
En grandes ciudades y en pequeños pueblos.
A quienes trabajaron en teatros, escuelas, plazas, festivales, poblaciones, sindicatos, universidades y centros culturales.
A quienes enseñaron a otros.
A quienes alguna vez tuvieron un títere en sus manos y decidieron que este extraño y maravilloso oficio también podía convertirse en una forma de vida.
Hoy, después de sesenta y cuatro años en este camino, podría hablarles de muchas funciones, de muchos personajes y de muchas historias.
Pero quizás lo más importante que puedo decir es algo mucho más sencillo:
todavía me emociona ver cómo un títere cobra vida.
Todavía me sorprende ese momento en que deja de ser un objeto y el público comienza a mirarlo como si respirara.
Mientras eso siga ocurriendo, nuestro oficio seguirá vivo.
Mientras exista una mano dispuesta a levantar un títere y otra persona dispuesta a mirarlo, habrá una historia que contar.
Por eso hoy no quiero solamente celebrar un día.
Quiero celebrar un oficio, una comunidad y una forma de mirar el mundo.
Y quiero agradecer a quienes estuvieron antes que nosotros, abrazar a quienes hoy siguen en este camino y animar a quienes recién comienzan.
Que sigamos construyendo.
Que sigamos imaginando.
Que sigamos encontrándonos.
Y que nunca perdamos esa capacidad maravillosa de creer, aunque sea durante unos minutos, que un pequeño personaje de madera, tela o papel puede estar verdaderamente vivo.
A todas las titiriteras y titiriteros de Chile:
Feliz Día Nacional del Títere y la Marioneta.
Y muchas gracias por mantener viva esta hermosa locura.