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Memoria y patrimonio vivo en la primera ceremonia del Día Nacional del Títere y la Marioneta

Teatro de Títeres

Memoria y patrimonio vivo en la primera ceremonia del Día Nacional del Títere y la Marioneta

Publicado el 27/08/2026
donación títeres
La Biblioteca de Santiago fue el escenario de la ceremonia central realizada este 25 de agosto para celebrar el primer Día Nacional del Títere y la Marioneta en Chile. La celebración fue organizada por la Subdirección de Patrimonio Cultural Inmaterial, del Servicio Nacional de Patrimonio Cultural (Serpat), y la Mesa de Cultores del Teatro Tradicional de Títeres. Contó con la co-animación de los muñecos Pirimpilo y Rodalegre, icónicos personajes de la Compañía Pirimpilo, de la Región del Biobío.

El pasado 25 de agosto, la Biblioteca de Santiago acogió la ceremonia central del primer Día Nacional del Títere y la Marioneta, jornada que conmemora el natalicio de Luisa Morales —galardonada junto a su esposo con el Premio Presidente de la República en Artes Escénicas— y de Sergio «Tito» Guzmán, reconocido Tesoro Humano Vivo. La cita convocó a la comunidad cultora del teatro de títeres de todo el país y estuvo marcada por momentos simbólicos de gran emoción y significado para quienes mantienen viva esta tradición.

La ceremonia contó con la participación del Director Nacional (s) del Serpat, Manuel Marín; la Subdirectora Nacional de Patrimonio Cultural Inmaterial, Paula Jaraquemada; Javier Valenzuela, Secretario del Consejo Nacional de las Artes Escénicas, los descendientes de los maestros Luisa Morales y Sergio Guzmán, la comunidad cultora del Teatro de Títeres y ciudadanía invitada.

El Teatro Tradicional de Títeres forma parte del Registro Nacional de Patrimonio Cultural Inmaterial en Chile desde 2018, reconocimiento que valora la fabricación de las marionetas, la escenografía, la actuación y la dramaturgia que sostienen este oficio popular.


Dos familias, una misma función 

El momento de mayor peso simbólico fue la puesta en escena de una obra coral, en conjunto por los descendientes de la familia Morán Morales y de la familia Guzmán Flores, resultado de más de dos meses de trabajo de preparación y un ensayo final en la Escuela de Títeres de Lo Espejo. En la presentación se unieron el teatrino de la Compañía Pequeñuelos y el histórico escenario del Teatro Candelilla.

La función combinó la dramaturgia de Los apuros de doña Panchita, escrita en los años 60 por el maestro Sergio «Tito» Guzmán, con la adaptación de una fábula de Esopo que en esa misma época hizo el maestro Jaime Morán. La historia sigue a una humilde abuelita acosada por usureros, que resuelve su conflicto mientras relata la fábula heredada. Manipularon los muñecos originales Millalén Morán Morales y Fernanda Morán Morales, herederas de la Compañía Teatro Tradicional de Títeres de Chile, junto a Elizabeth Guzmán Flores, de la Compañía y Escuela de Títeres de Lo Espejo, y Sergio Guzmán Flores, de la Compañía Pequeñuelos; continuadores, también, del trabajo de la titiritera Luchita Flores Leiva.

La producción de todo el montaje corrió a cargo de miembros de la tercera generación de los Guzmán Flores: Elizabeth Castillo Flores y Miguel Castillo Flores.

Una donación al Museo Violeta Parra

Las familias herederas anunciaron la donación de títeres históricos de sus padres al patrimonio de la nación. Eligieron el Museo Violeta Parra por la relación de amistad que sus padres mantuvieron con la artista popular en vida.

Con la voz quebrada, el presentador anunció la despedida de cinco marionetas que subieron por última vez al teatrino antes de dejar las itinerancias por el país: Pedro Urdemales, del matrimonio Morán Morales; Luchita y Tito, de la familia Guzmán Flores; y Destruyo y el Pájaro Azul, este último creado en su infancia por Joaquín Fernández Rojas, nieto de Lientur Rojas, Tesoro Humano Vivo de la Compañía Pirimpilo. Tras la función, los cultores depositaron las marionetas en una caja y las entregaron a la directora del Museo Violeta Parra, Denise Elphick, y al presidente del directorio, el profesor Osvaldo Cádiz. Elphick agradeció el gesto, asegurando que los títeres recibidos no quedarán inertes, sino que cobrarás vida en el museo de cara a los 110 años del natalicio de Violeta Parra; Cádiz, por su parte, destacó la trascendencia de esta tradición para la identidad chilena.


La palabra de un Tesoro Humano Vivo

La sala guardó silencio cuando tomó el micrófono el maestro Lientur Rojas, Tesoro Humano Vivo invitado desde Concepción. En una intervención que terminó en ovación cerrada, repasó sus 64 años de trayectoria y planteó que el tiempo en este oficio no se mide en años, sino en viajes, en funciones, y en la capacidad de mirar un objeto inerte y descubrir que ahí puede haber vida.

«Mientras exista una mano dispuesta a levantar un títere y otra persona dispuesta a mirarlo, habrá una historia que contar», dijo, en homenaje tanto a los referentes históricos como a los cultores anónimos que han recorrido escuelas, plazas y sindicatos a lo largo de Chile.

Un cumpleaños y un homenaje

El ambiente se llenó de calidez cuando el auditorio entero entonó a capela el «Cumpleaños feliz» en memoria de Luisa Morales y en tributo a Sergio «Tito» Guzmán, de más de 90 años, quien no pudo asistir. Su compañera de vida y de teatrino, Luchita Flores, subió al escenario junto a ambas familias para apagar las velas de una torta conmemorativa.

Después llegó la proyección de un homenaje visual a los maestros que ya partieron, junto con el reconocimiento a las y los cultores en activo que llevan entre 40 y 50 años ininterrumpidos en el oficio. Varias personas del público terminaron con lágrimas en los ojos.

El manifiesto de los cultores

Cerraron las intervenciones Angélica Vargas, titiritera de la Región de Coquimbo, y Roxana Manríquez, titiritera de la Región Metropolitana, en representación de la Comisión de Cultores. Leyeron un manifiesto elaborado de forma colectiva por los representantes de los titiriteras y titiriteros reconocidos en el Registro Nacional de Cultores del Patrimonio Inmaterial.

El texto subrayó el carácter territorial y diverso del oficio en Chile: «El títere chileno no nació en una sola plaza, nació en muchas... en la voz ronca de un maestro en Valparaíso, en las ferias de Concepción, en una escuela rural de La Araucanía, en el altiplano, en el Valle del Elqui y en las caletas». El manifiesto reivindicó el títere como patrimonio vivo que consuela, enseña, denuncia y celebra, y cerró con un saludo a las manos, hilos y voces que mantienen encendida la luz del retablo en todo el país: «¡Que vivan los maestros de ayer y de hoy y que los títeres chilenos sigan caminando de región en región!».

La fecha del 25 de agosto fue establecida en conjunto con el trabajo colaborativo de cultores del área y la mesa Titeril, en conmemoración del natalicio de dos referentes del arte marionetero nacional: Luisa Morales, galardonada con el Premio Presidente de la República junto a su esposo, y Sergio «Tito» Guzmán, reconocido como Tesoro Humano Vivo año 2024. La jornada convocó a la comunidad cultora del país y quedó marcada como un hito para la cultura popular chilena.

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