Reconocimiento local a las Bordadoras del Baker en Cochrane
Las bordadoras de Cochrane son herederas directas de las pioneras del río Baker. Su arte es un vínculo indisoluble con su historia y su entorno; en cada diseño florecen las especies de sus propios jardines, cuyas semillas han sido traspasadas de generación en generación como un tesoro vivo.
En una ceremonia realizada en el Centro Cultural de Cochrane, la comunidad local celebró el ingreso de las Bordadoras del Baker al Registro Nacional de Patrimonio Cultural Inmaterial.
El evento contó con la participación de la ciudadanía, familias de las cultoras y autoridades regionales, entre ellas la directora regional del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural en Aysén, Claudia Cantero Delgado, el alcalde (s) de la comuna, Marcelo Haro Nowajenski, y representantes del Consejo Municipal, el Gobierno Regional y la Delegación Presidencial.
Este reconocimiento es el resultado de un proceso participativo iniciado por las propias bordadoras, quienes en 2025 lograron concretar su ingreso al registro nacional. La iniciativa busca visibilizar un oficio que históricamente se desarrolló de forma silenciosa al interior de los hogares y que hoy se proyecta como un legado para las nuevas generaciones.
“Este es un reconocimiento que valida años de trabajo y que pone en valor el patrimonio presente en la comuna”, destacó la directora regional de Serpat, Claudia Cantero, quien añadió que “aunque estamos muy contentos con este reconocimiento, el valor de este patrimonio inmaterial no reside en los galardones, sino en la cotidianeidad de estas mujeres que, aguja en mano, siguen bordando la memoria de la Patagonia”.
Por su parte, la cultora y transmisora Luisa Vargas resaltó el componente emocional de la práctica: “Al bordar recordemos a nuestras viejitas y volvamos a ser niñas”, señaló, subrayando que cada pieza contiene la historia de las pioneras del Baker.
Durante la jornada se reconoció a 20 bordadoras, representantes tanto de la trayectoria histórica como de las nuevas generaciones. Las cultoras manifestaron su interés por llevar este oficio a espacios educativos, como escuelas y liceos, para asegurar que la tradición no se pierda.
La ceremonia incluyó una exposición de los tradicionales bordados patagones y una presentación musical de Francisco Parra, joven violinista local de 13 años e integrante de la Orquesta de la Universidad de Aysén.
El hilo que une generaciones
En parte de este encuentro, Yara Gallardo Pizarro, joven heredera de las bordadoras del Baker, conversó nuestra Subdirección de Patrimonio Inmaterial, sobre lo que significa llevar el arte del bordado en la sangre.
Yara relata que su vínculo con la aguja comenzó "desde siempre". Con raíces profundas en Doñihue por parte de su abuela paterna, Orfilia Arellano, y un aprendizaje directo de su madre, Marisol. La joven bordadora ha transformado los puntos y "mañas" heredadas en su propio lenguaje. Sus primeros recuerdos no son de juegos comunes, sino de bordar prendas para sus muñecas o de intentar reparar sus chalecos favoritos con diseños propios.
Para Yara, el bordado es una forma de emoción tangible: "Me emociona llevar en mis manos el conocimiento de mis abuelas", confiesa. Valora profundamente el proceso de visibilización que vive hoy el oficio, pasando del anonimato de los hogares a un reconocimiento nacional e internacional que hoy sitúa a las bordadoras como protagonistas de la cultura chilena.
Con un mensaje lleno de gratitud, Yara agradece a las antiguas maestras por la paciencia y por esa capacidad única de observar la naturaleza para plasmarla en flores y colores. A las nuevas generaciones, les extiende una invitación abierta: "Aprendan". Para ella, el bordado es un espacio de libertad y creación donde se puede plasmar el momento y la identidad personal, instando a las jóvenes a no dejar pasar las instancias de formación comunitaria.
A través de la voz de Yara, vemos cómo el patrimonio inmaterial no es algo estático, sino un hilo vivo que se sigue enhebrando con fuerza en las manos de la juventud.